Arrestos, despidos y escupitajos: los profesores israelíes perseguidos por sus opiniones fuera del aula
EL PAÍS
NoticiaProfesores árabes y judíos en Israel sufren represalias por expresar posturas críticas con el nacionalismo dominante tras el ataque de Hamás.
Lo que pareceUn problema de libertad de expresión en las aulas.
La pregunta real¿Hasta dónde puede un Estado perseguir las opiniones de sus ciudadanos sin convertirse en tiranía, aunque esas opiniones duelan?
- Hannah Arendt → Esta parcerita ya lo advirtió: el totalitarismo empieza cuando el Estado decide que hay ideas "peligrosas" y las persigue fuera de lo público (aquí: profesores castigados por lo que dicen fuera del aula). Su libro Los orígenes del totalitarismo es como el manual de "cómo no terminar como un régimen de mierda".
- John Stuart Mill → El tipo este decía que hasta la opinión más loca merece ser escuchada, porque el debate es lo que nos hace más listos. Aquí el problema es que Israel no solo no debate: castiga. Y eso, parce, es como taparse los oídos y gritar "¡no te escucho!" mientras le das patadas al otro.
- Michel Foucault → Para este francés, el poder no solo reprime: fabrica la verdad. Si el Estado israelí decide que el nacionalismo es la única postura "aceptable", no está solo callando a los profesores, sino definiendo qué es "ser israelí". Y eso, ni se diga, es un poder harto peligroso.
Por qué no hablamos deNoam Chomsky y su crítica a Israel — Porque aquí no se trata de si Israel tiene razón o no en Gaza, sino de cómo un Estado trata a sus propios ciudadanos cuando disienten. Eso es harina de otro costal, parce.
En síntesisLo que pasa en Israel con estos profesores no es solo un problema de "libertad de expresión", sino de qué tipo de sociedad queremos: una donde el Estado te dice qué puedes pensar (y te castiga si no obedeces) o una donde las ideas, por incómodas que sean, se discuten a la luz del día. Porque si el Estado decide que hay opiniones que no caben, al final todos terminamos viviendo en una jaula... aunque sea de oro. Y eso sí que no tiene gracia, de una.
Saul Newman: “Si eres Elon Musk y lo has comprado todo, la única cosa que nos queda por venderte es escapar de la muerte”
EL PAÍS
NoticiaCrítica filosófica a la obsesión por la longevidad y el capitalismo extremo que convierte la inmortalidad en un producto de lujo.
Lo que pareceUn tipo criticando a Elon Musk por querer vivir para siempre.
La pregunta real¿Qué pasa cuando el capitalismo se queda sin cosas que vender... y decide venderte la eternidad?
- Karl Marx → Este alemán ya lo vio venir: el capitalismo convierte todo en mercancía, hasta lo que no debería serlo. Aquí el chiste es que Musk no solo quiere venderte un carro o un viaje a Marte, sino la vida misma. Y eso, parce, es como ponerle precio a la luna: al final, solo los más ricos podrían "comprar" no morir. ¿Y los demás? Pues a joderse, como siempre.
- Martin Heidegger → Para este man, la muerte no es un problema técnico (como cree Musk), sino la pregunta que le da sentido a la vida. Si te venden la inmortalidad, te están robando lo que te hace humano: la conciencia de que el tiempo es limitado. Y eso, ni se diga, es como venderle un reloj sin manecillas a alguien que quiere saber la hora.
- Byung-Chul Han → Este coreano-alemán diría que esto es el colmo del capitalismo de la autoexplotación: ya no te explotan en una fábrica, sino que tú mismo te explotas para comprar más tiempo. Y al final, el que gana es el sistema, porque te tiene trabajando (y pagando) hasta el último suspiro. ¡Qué ironía, parce!
Por qué no hablamos deNietzsche y su "superhombre" — Porque aquí no se trata de superar la muerte, sino de negarla como un producto más. Nietzsche odiaría esta vaina: para él, aceptar la mortalidad era parte de ser fuerte, no de ser rico.
En síntesisLa obsesión de Musk por la inmortalidad no es solo un capricho de millonario, sino el síntoma de un sistema que ya no sabe qué venderle a la gente. Si el capitalismo convierte la muerte en un lujo, al final terminamos en un mundo donde los ricos no solo viven mejor, sino más. Y eso, parce, no es progreso: es una distopía donde la igualdad ni siquiera existe en la tumba. A lo bien, ¿no sería mejor gastar esa plata en algo que sí le sirva a la humanidad? Pero bueno, eso sí que no vende, ¿o sí?
La juventud europea arde
La Vanguardia
NoticiaProtestas juveniles en Europa como síntoma de malestar generacional ante el futuro económico y político.
Lo que pareceunos muchachos enojados en la calle.
La pregunta real¿qué pasa cuando una generación entera siente que el futuro que le prometieron es una trampa?
- Marx → el viejo Karl lo vio claro: cuando el sistema económico no les da chance a los jóvenes de vivir dignamente (trabajos precarios, vivienda por las nubes), la calle se convierte en el único lugar donde pueden decir "esto no es justo". Las protestas no son berraquera, son la voz de quienes no tienen nada que perder... excepto sus cadenas, parce.
- Byung-Chul Han → este coreano-alemán diría que el problema no es solo la plata, sino el burnout existencial: una sociedad que les exige a los jóvenes ser hiperproductivos, hiperconectados y hiperfelices, pero sin darles herramientas reales para lograrlo. El agotamiento no es físico, es del alma, y por eso arden las calles.
- Hannah Arendt → la señora de la acción política: cuando los espacios tradicionales (partidos, sindicatos) no escuchan, la protestas son el único acto de libertad que les queda a los jóvenes. No es desorden, es democracia en estado puro, ni se diga.
Puente divulgativoYuval Noah Harari → este historiador diría que el problema es que les vendieron a los jóvenes un cuento (estudia, esfuerzo, éxito) que ya no funciona en un mundo donde los algoritmos y la IA deciden más que el mérito.
Por qué no hablamos deNietzsche y el "eterno retorno" — porque aquí no se trata de si la vida tiene sentido, sino de por qué el sistema les está robando el futuro a los jóvenes de una.
En síntesisQue la juventud europea esté en la calle no es solo rabia por la plata o los políticos, sino el síntoma de que algo se pudrió en el contrato social. Marx diría que es la lucha de clases en versión 2026, Han que es el agotamiento de una generación que ya no cree en el sueño que le vendieron, y Arendt que es la democracia pidiendo paso a gritos. Lo que queda claro es que cuando el futuro se ve negro, la calle se ilumina... aunque sea con fuego. Eso sí es harto.
El debate por la vivienda pone el foco en la relación entre políticos y rentismo en medio de la ofensiva de la derecha
elDiario.es
NoticiaConflicto ético y político sobre el acceso a la vivienda, con tensiones entre derechos sociales y intereses económicos.
Lo que pareceUn debate sobre si la vivienda debe ser un derecho o un negocio.
La pregunta real¿Puede un Estado garantizar un derecho básico como la vivienda si los políticos están en la nómina de los que se lucran con ella?
- John Locke → Este inglés decía que la propiedad privada es sagrada, pero solo si queda "suficiente y de igual calidad" para los demás. Aquí el problema es que no queda nada, parce: los fondos buitre y los caseros se han quedado con todo, y los políticos no hacen nada. ¿O sí? Porque a veces parece que trabajan para ellos.
- Pierre-Joseph Proudhon → El primer anarquista de la historia diría que la propiedad es un robo, y aquí tenemos el ejemplo perfecto: unos pocos tienen 20 pisos vacíos mientras otros duermen en la calle. Y lo peor es que el Estado, en vez de solucionarlo, lo protege. Eso sí que es una vaina de locos.
- John Rawls → Este tipo proponía que las leyes deben diseñarse como si no supiéramos si vamos a ser ricos o pobres. Si los políticos aplicaran eso a la vivienda, pues tendrían que hacer algo ya, porque nadie querría vivir en un mundo donde el techo depende de cuánto plata tengas. Pero claro, eso es suponer que los políticos son justos... y aquí está el problema.
Por qué no hablamos deAdam Smith y el libre mercado — Porque el mercado no va a solucionar esto solo: si la vivienda se deja en manos de los especuladores, al final siempre ganan los mismos. Y los que pierden, pues se joden. Y eso, parce, no es economía: es darwinismo social.
En síntesisEl debate de la vivienda en España no es solo sobre ladrillos, sino sobre poder: ¿quién manda aquí, los ciudadanos o los que se lucran con sus necesidades? Porque si los políticos están más pendientes de los fondos buitre que de la gente, pues el problema no es económico, sino ético. Y eso, ni se diga, es más grave. La vivienda no es un lujo: es un derecho. Y si el Estado no lo garantiza, entonces ¿para qué sirve? A lo bien, la respuesta está en las calles... y en las urnas.