Si esto es un Estado
EL PAÍS
NoticiaAnálisis sobre la normalización internacional de la ultraderecha israelí y su relación con la definición de Estado y violencia legítima.
Lo que pareceUn debate sobre política israelí.
La pregunta real¿Qué pasa cuando un Estado usa la violencia "legítima" para normalizar lo que antes era impensable, y el mundo hace como que no ve?
- Max Weber → Este parce sí que lo clavo: el Estado es el que tiene el monopolio de la violencia legítima. Pero, ¿y si esa legitimidad se la inventa sobre la marcha? Aquí el problema es que la ultraderecha israelí está redefiniendo qué es "legítimo" (ejemplo: políticas de ocupación o represión) y el mundo, en vez de decir "¡eso no!", se rasca la barriga y sigue como si nada.
- Hannah Arendt → La banality of evil, ni se diga. No es que los tipos sean monstruos, es que la burocracia y la normalización convierten el horror en un trámite más. Si el Estado israelí (o cualquier otro) metió en el mismo saco "seguridad" y "violencia sistemática", y la comunidad internacional no dice ni pío, ¿no estamos viendo cómo el mal se vuelve rutinario?
- Carl Schmitt → Este sí que era bruto: para él, el soberano decide quién es el enemigo y cuándo se suspenden las reglas. Pero, ojo, que aquí el problema es el contrario: no es que Israel decida en solitario, es que el mundo entero está aceptando que esa decisión no tiene consecuencias. ¿O sea que la "excepción" ya no es excepcional, sino la nueva normalidad?
Por qué no hablamos deNoem Chomsky y su crítica al sionismo — Porque acá no se trata de si Israel tiene derecho a existir o no, sino de cómo un Estado (cualquiera) puede torcer la definición de "legítimo" hasta que el mundo se trague el cuento.
En síntesisLo que está en juego no es solo Israel, sino el manual de instrucciones del Estado moderno. Si la violencia "legítima" puede estirarse como chicle hasta justificar lo que sea, y el mundo no pone el grito en el cielo, entonces el concepto mismo de Estado se vuelve un chiste. Weber nos dijo que el Estado era el dueño de la violencia, Arendt que el mal puede ser aburrido, y Schmitt que el poder decide las reglas. Pero cuando nadie cuestiona esas reglas, el problema ya no es el Estado... es nosotros, que nos hacemos los locos.
Un conflicto nuclear y el uso malicioso de la inteligencia artificial se cuelan entre las amenazas para la salud mundial: 'Sería un apocalipsis'
EL PAÍS
NoticiaExpertos identifican 17 riesgos globales hasta 2100, incluyendo la IA maliciosa y conflictos nucleares, como amenazas existenciales para la humanidad.
Lo que pareceUna lista de miedos futuristas.
La pregunta real¿Cómo le hacemos para tomar en serio amenazas que ni siquiera podemos imaginar del todo, pero que nos pueden borrar del mapa?
- Hans Jonas → Este alemán sí que era pesimista, pero con razón: el "principio responsabilidad" dice que cuando el poder tecnológico es tan grande (como la IA o las bombas nucleares), la ética no puede ser solo "no hacer daño", sino "asegurarse de que el daño no sea irreversible". O sea, si un error con la IA nos manda a todos al carajo, ¿no deberíamos tener un plan B... o un plan "no tocar eso"?
- Günther Anders → El tipo que decía que la humanidad se había quedado atrás frente a sus propias creaciones. Si la IA ya es más lista que nosotros y las bombas nucleares pueden acabar con todo, ¿no es como tener un niño de 5 años manejando un tanque? Anders diría: el problema no es la tecnología, es que nosotros seguimos pensando como en la Edad de Piedra.
- Nick Bostrom → Este sí que le metió el susto a la gente con el "riesgo existencial". No es solo que la IA nos pueda matar, es que ni siquiera sabemos cómo evitarlo. Si un virus informático puede colapsar un hospital, ¿qué pasa cuando ese virus lo controla alguien que no le importa si vivimos o no? Bostrom diría: el apocalipsis no va a venir con trompetas, sino con un error de código.
Por qué no hablamos deYuval Noah Harari y el futuro de la humanidad — Porque acá no se trata de adivinar el futuro, sino de cómo manejamos el presente cuando el futuro puede ser... nada. Harari habla de escenarios, pero estos parches sí que son para no dormir.
En síntesisEl problema no es que la IA o las bombas nucleares puedan acaban con nosotros, sino que ya estamos viviendo como si no pasara nada. Jonas nos dice que hay que ser responsables, Anders que estamos obsoleto, y Bostrom que el riesgo es real. Pero si seguimos tratando esto como un capítulo de Black Mirror y no como un titular de EL PAÍS, el apocalipsis no va a ser un evento... va a ser un "oops".
Mark Galeotti, experto en crimen organizado: 'Hemos creado una sociedad cíborg a gran escala en la que todos nuestros datos son vulnerables'
EL PAÍS
NoticiaReflexión sobre la vulnerabilidad de los datos personales en una sociedad hiperconectada y su relación con el tecnoautoritarismo.
Lo que pareceUn aviso de que nos roban los datos.
La pregunta real¿Qué pasa cuando nuestra identidad ya no es solo "yo", sino un montón de ceros y unos que cualquier vivido puede usar en nuestra contra?
- Michel Foucault → El poder no es solo el que tiene el fusil, sino el que controla la información. Si todos nuestros datos están en la nube (y la nube la controla no sé quién), entonces el poder ya no es del Estado, sino de quien tenga acceso a esos datos. Y lo peor es que nosotros mismos se los regalamos, como bobos, en cada like.
- Byung-Chul Han → Este coreano sí que lo petó: la sociedad de la transparencia. Pero, ¿transparencia para quién? Porque si todos somos datos abiertos, pero los que manejan esos datos son opacos, entonces la transparencia es un chiste. Y el tecnoautoritarismo no es que nos obliguen a hacer algo, es que nos hacen creer que nosotros queremos que nos controlen.
- Donna Haraway → La del "cyborg", ni se diga. Si ya somos mitad humanos, mitad máquinas (por los datos, los implantes, el celular pegado a la mano), entonces la pregunta es: ¿quién es el dueño de esa mitad máquina? Porque si Galeotti dice que somos una sociedad cíborg, Haraway diría: sí, pero ¿y si el cíborg no nos pertenece a nosotros, sino a Amazon o a Meta?
Por qué no hablamos deEdward Snowden y la privacidad — Porque acá no se trata de si nos espían o no, sino de que ya no hay diferencia entre nosotros y nuestros datos. Snowden habla de vigilancia, pero esto es más bruto: es que nuestra identidad ya es un producto en venta.
En síntesisEl problema no es que nos roben los datos, sino que ya no somos dueños de ellos. Foucault nos dice que el poder está en la información, Han que la transparencia es una trampa, y Haraway que somos cíborgs... pero cíborgs con dueño. Si Galeotti tiene razón y vivimos en una sociedad cíborg, entonces la pregunta ya no es "¿me están espiando?", sino "¿quién soy yo cuando mi yo digital lo controla otro?".
El hombre que voló una central nuclear y desapareció en bicicleta
elDiario.es
NoticiaHistoria de Rodney Wilkinson, quien en 1982 colocó bombas en una central nuclear sudafricana y desapareció, planteando dilemas éticos sobre el activismo violento.
Lo que pareceLa historia de un terrorista o un héroe, según se mire.
La pregunta real¿Hasta dónde puede llegar la desobediencia cuando el sistema es tan injusto que la violencia parece la única opción?
- Henry David Thoreau → El de la desobediencia civil, pero en versión pacífica. Thoreau diría: si el Estado es injusto (como el apartheid en Sudáfrica), hay que desobedecer... pero sin volar nada. Wilkinson fue más allá: ¿y si la no-violencia no sirve cuando el sistema te ignora por completo?
- Frantz Fanon → Este sí que entendía de violencia y colonialismo. Para Fanon, en situaciones de opresión extrema (como el apartheid), la violencia puede ser un acto de liberación. Pero, ojo: ¿la violencia contra una central nuclear (que podía matar a miles) es liberación o es solo más opresión?
- Jean-Paul Sartre → El de la responsabilidad radical. Sartre diría: Wilkinson eligió actuar, y esa elección lo define. Pero, ¿qué pasa cuando tu acción puede tener consecuencias que ni tú controlas? ¿Es un héroe, un terrorista, o simplemente un tipo que no encontró otra salida?
Por qué no hablamos deMahatma Gandhi y la no-violencia — Porque acá no se trata de si la violencia es buena o mala, sino de qué pasa cuando la no-violencia no funciona. Gandhi es el ejemplo clásico, pero Wilkinson es el caso extremo: ¿qué haces cuando el sistema no te deja otra opción que la violencia?
En síntesisLa historia de Wilkinson no es solo sobre un tipo que puso una bomba, sino sobre los límites de la justicia. Thoreau nos dice que hay que desobedecer, Fanon que a veces la violencia es necesaria, y Sartre que somos responsables de nuestras acciones. Pero cuando el sistema es tan injusto que la violencia parece la única salida, la pregunta ya no es "¿está bien lo que hizo?", sino "¿qué nos dice de nosotros que un tipo haya llegado a ese punto?".