La mala fama persigue a los buitres, pero ellos no tienen la culpa: 'Son beneficiosos para la naturaleza'
EL PAÍS
NoticiaLos buitres son carroñeros clave para el ecosistema, pero la gente los ve como asquerosos y los demoniza.
Lo que pareceun reportaje sobre ecología y prejuicios hacia los buitres.
La pregunta real¿Por qué juzgamos como "malo" o "asqueroso" lo que en realidad es útil y necesario para el equilibrio natural?
- Aristóteles → el viejo maistro decía que la naturaleza no hace nada en vano: los buitres limpian el ambiente de cadáveres, evitando enfermedades. ¿Acaso no es eso un "bien" en sí mismo, parce? Pero el problema es que a nosotros nos da asco, y ahí está el lío.
- Nietzsche → el filósofo del martillo diría: "el hombre ha proyectado su moral de 'bueno/malo' sobre la naturaleza". Los buitres no son "malos", somos nosotros los que les pegamos esa etiqueta porque no nos gustan. ¡Qué vaina, que hasta la ética se nos volvió subjetiva!
- Mary Midgley → esta señora, que le metía el dedo en el ojo al antropocentrismo, diría: "el asco es un prejuicio cultural". Los buitres no son asquerosos, es nuestra cabeza la que los ve así. ¿O acaso un león comiendo una gacela nos parece igual de "feo"?
Por qué no hablamos deDarwin y la selección natural — porque aquí no se trata de cómo evolucionan los buitres, sino de cómo nosotros los juzgamos sin entender su rol. Eso sí es harto más interesante, ¿o no?
En síntesisLos buitres hacen un trabajo sucio pero necesario, como el plomero que destapa el baño en Nochevieja: sin ellos, el ecosistema se pudre. Pero como no nos caen simpáticos, los satanizamos. El problema no es el buitre, es que le hemos metido a la naturaleza en nuestro sistema de valores humanos, como si el universo girara alrededor de nuestro ombligo. La pregunta que queda es incómoda: ¿cuántas cosas más estamos demonizando solo porque no nos gustan, sin darnos cuenta de que son esenciales?
Las mujeres afectadas por los problemas de suministro de hormonas: 'Esto no es un capricho, es una necesidad vital'
EL PAÍS
NoticiaMujeres en menopausia o con otros desequilibrios hormonales denuncian la escasez de tratamientos y cómo esto afecta su calidad de vida.
Lo que pareceun problema logístico de suministro de medicamentos.
La pregunta real¿Qué pasa cuando la sociedad trata como "lujo" o "capricho" algo que para muchas personas es una necesidad básica para vivir con dignidad?
- Martha Nussbaum → la filósofa de las "capacidades humanas" diría: la salud no es un privilegio, es una condición básica para una vida digna. Si a una mujer le niegan hormonas que necesita para funcionar, le están negando la capacidad de vivir plenamente. ¿O es que la dignidad tiene precio, parce?
- Immanuel Kant → el tipo de la moral universal diría: cada persona es un fin en sí misma, no un medio. Si el sistema de salud prioriza otros medicamentos por encima de estos, está tratando a estas mujeres como si su sufrimiento fuera menos importante. ¡Y eso no da, ni se diga!
- Judith Butler → aquí la vaina es de género: ¿por qué los problemas de salud de las mujeres suelen ser minimizados como "exageraciones" o "dramas"? Butler diría que es parte de un sistema que históricamente ha patologizado el cuerpo femenino. ¿O acaso si fuera un medicamento para hombres habría el mismo desabastecimiento?
Por qué no hablamos deUtilitarismo (Bentham, Mill) — porque esto no es un debate de "mayor felicidad para el mayor número", sino de derechos básicos. No se trata de sumar placeres, sino de evitar sufrimientos innecesarios.
En síntesisCuando a una mujer le dicen que su tratamiento hormonal es un "capricho", lo que en realidad le están diciendo es que su dolor no cuenta. Pero la salud no es un lujo, es un derecho. El problema no es la escasez de pastillas, sino la escasez de empatía para entender que lo que para unos es un detalle, para otras es la diferencia entre vivir o vegetar. Y eso, parce, es una injusticia que no se disfraza de otra cosa.
Cómo se transforman las escuelas militarizadas en México, prohibidas tras la muerte de una joven de 13 años
BBC Mundo
NoticiaTras la muerte de una niña de 13 años en una escuela militarizada en México, el gobierno prohíbe este modelo educativo y lo transforma en algo menos rígido.
Lo que pareceuna reforma educativa tras una tragedia.
La pregunta real¿Hasta qué punto la disciplina y el orden justifican métodos que pueden llegar a ser dañinos, especialmente para los más vulnerables?
- Michel Foucault → el francés que desmenuzó el poder diría: las escuelas militarizadas son un ejemplo claro de cómo el Estado usa la disciplina para controlar los cuerpos. Pero, ¿qué pasa cuando ese control se vuelve contra los propios niños? El poder no siempre es visible, pero sus efectos sí: y aquí el efecto fue una muerte.
- Hannah Arendt → la señora que hablaba de la banalidad del mal nos recordaría que los sistemas opresivos no siempre son obvios. A veces son instituciones "normales", como una escuela, que aplican reglas sin cuestionar sus consecuencias. ¿O es que alguien se preguntó si militarizar la educación era bueno para los niños, o solo para el orden?
- John Dewey → el papá de la educación progresista diría: la escuela no es un cuartel, es un lugar para formar ciudadanos críticos. Si el método es el miedo y la sumisión, ¿qué tipo de adultos vamos a sacar de ahí? Spoiler: no los que necesitamos.
Por qué no hablamos deMaquiavelo y el "fin justifica los medios" — porque aquí el fin (el orden) no justifica nada cuando el medio es el sufrimiento de los niños. Eso no es pragmatismo, es cobardía disfrazada de autoridad.
En síntesisUna escuela militarizada no es solo un lugar con reglas estrictas, es un experimento de poder donde los niños son los conejillos de indias. Y cuando el experimento sale mal —como salió con esa niña de 13 años—, no es un "error", es la prueba de que el sistema estaba podrido desde el principio. La disciplina no es mala en sí misma, pero cuando se convierte en sumisión ciega, deja de ser educación para ser adoctrinamiento. Y eso, parce, no forma ciudadanos, forma víctimas.
AfD logra el primer presidente ultraderechista de un parlamento regional alemán desde la Segunda Guerra Mundial
elDiario.es
NoticiaPor primera vez desde 1945, un partido de ultraderecha (AfD) logra la presidencia de un parlamento regional en Alemania.
Lo que pareceun hito político en la Alemania actual.
La pregunta real¿Cómo es posible que una democracia permita —y hasta normalice— el ascenso de discursos que, históricamente, la han destruido?
- Theodor Adorno → el tipo de la Escuela de Fráncfort diría: el fascismo no llega con botas y uniformes, llega con discursos que apelan al miedo y a la frustración. Y cuando la gente tiene miedo, vota con el estómago, no con la cabeza. ¿O acaso el AfD no está usando el mismo manual de siempre?
- Hannah Arendt → otra vez ella, porque el totalitarismo es su especialidad: diría que el peligro no es solo el partido, sino la normalización de sus ideas. Cuando la ultraderecha pasa de ser un tabú a ser "una opción más", la democracia ya está en apuros. ¿O es que alguien cree que el nazismo empezó con Hitler en el poder? No, empezó con gente que dijo "bueno, total, ¿qué puede pasar?".
- Karl Popper → el filósofo de la sociedad abierta diría: la democracia debe tener límites, y uno de ellos es no permitir que sus enemigos la usen para destruirlas. ¿O es que vamos a esperar a que el AfD gane más poder para darnos cuenta de que el juego democrático tiene reglas que no se pueden romper?
Por qué no hablamos deMarx y la lucha de clases — porque esto no es un debate económico, sino uno sobre los valores fundamentales de la democracia. El AfD no es un partido de trabajadores, es un partido que usa el descontento para socavar el sistema.
En síntesisQue la ultraderecha gane un parlamento regional no es solo una noticia política, es una señal de alarma. La democracia no muere de un golpe, se desangra gota a gota, cada vez que normalizamos el discurso del odio o le restamos importancia. Alemania, de todos los países, debería saberlo. El problema no es el AfD, sino que la gente ya no se escandaliza cuando el AfD gana. Y eso, parce, es el primer paso para que la historia se repita. Pero esta vez sin excusas.